Cambio climático: enemigo de la agricultura

No es algo desconocido que el cambio climático está poniendo a prueba la gran mayoría de los cultivos europeos, ya que la producción agrícola está estrechamente relacionada con la temperatura y las precipitaciones, y, por tanto, es vulnerable al cambio climático.

 

Por ello, en los últimos años se están llevando a cabo estudios que nos aporten información sobre cómo abordar los efectos que tendrán el incremento de las sequías, las altas temperaturas y otras circunstancias meteorológicas asociadas al cambio climático sobre nuestros cultivos y de esta manera, nos facilitarán el desarrollo de estrategias de adaptación a las condiciones presentes y futuras.

 

 

 

 

¿Cómo se ven afectados los cultivos?

 

Respecto a las altas temperaturas, no solo tienen un efecto sobre los cultivos por sí mismas. Se podría decir que afectan de diferentes formas al crecimiento de los cultivos. Por un lado, en los años más calurosos, las plantas tienen un desarrollo más rápido y ello conlleva a que capten en menos tiempo los mismos niveles de radiación solar que en los años más fríos, por lo que hay un menor tiempo para el crecimiento de la biomasa. También pueden producir alteraciones importantes en los procesos reproductivos de las plantas, así como una elevada tasa de evaporación que tiene lugar en los días cálidos, lo cual puede conducir a que los cereales de secano sufran un estrés hídrico similar al que se produce en los periodos de sequía.

 

Teniendo en cuenta lo anterior, la producción de maíz de secano se verá afectada en la mayor parte de Europa y, sin embargo, serán favorables para el trigo de invierno, cuyo rendimiento se verá incrementado. En el sur de Europa se esperan impactos negativos por las olas de calor extremo y la disminución de las precipitaciones y del agua disponible, que no se verán contrarrestadas por el incremento de CO2. También es previsible que el rendimiento interanual de las cosechas varíe cada vez más debido a los episodios meteorológicos extremos y a otros factores como plagas y enfermedades. Por ejemplo, en algunas zonas del Mediterráneo, el estrés hídrico y térmico extremo de los meses de verano podría obligar a desplazar la producción de algunos cultivos estivales al invierno.  Otra zona, como el oeste de Francia y el sureste de Europa, sufrirán reducciones de rendimiento debido a los veranos calurosos y secos, sin posibilidad de desplazar la producción al invierno.

 

Además, los cambios bruscos de temperaturas y de las estaciones de crecimiento también podrían afectar a la proliferación y propagación de algunas especies, como insectos, especies exóticas invasoras, o de enfermedades, causando graves problemas sobre los cultivos.

 

 

 

Como se puede observar en la imagen, en rojo están las zonas que ya no serían aptas para el cultivo a partir de 2050 y en verde, las que seguirán siendo aptas a partir de dicho año. En azul se encuentran aquellas zonas que se incorporarán a partir de ese año.

 

Por el contrario, la productividad agraria del norte y el oeste de Europa podría aumentar al prolongarse la estación de crecimiento y el período sin heladas gracias al aumento de las temperaturas. Como consecuencia, las épocas de floración y cosecha de cereales se adelantan ya varios días y es previsible que estos cambios sigan produciéndose en muchas regiones, pudiendo facilitar también la producción de nuevos cultivos.

 

 

Nuevas estrategias

 

En vista de este futuro alarmante, la agricultura deberá adaptarse a los cambios; las estrategias posibles se estudian típicamente con modelos de cultivo, no obstante, la adaptación debe tener en cuenta el contexto socioeconómico local a la hora de desarrollar alternativas viables. En este proceso, las políticas de la Unión Europea desempeñarán un papel clave para lograr el éxito y para facilitar su adaptación al cambio climático, los agricultores pueden recurrir a algunos Fondos de la UE como el “Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural” (FEADER), la “Política Agraria Común” (PAC) y los préstamos del “Banco Europeo de Inversiones” (BEI). Además, la PAC también dispone de otros fondos destinados a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero generadas por las actividades agrarias.

 

Por otro lado, parte de estas posibles pérdidas se podrían compensar con prácticas agrarias como la rotación de cultivos para adaptarlos a la disponibilidad de agua, ajustar las épocas de siembra a las pautas de temperatura y precipitación y utilizar variedades de cultivos más adecuadas a las nuevas condiciones (por ejemplo, cultivos resistentes al calor y a la sequía), etc.

 

 

 

Podéis completar información al respecto con este informe de AGRIADAPT

 

https://agriadapt.eu/wp-content/uploads/2017/05/Informe-de-referencia.pdf

 

¿Y vosotros, qué técnicas para afrontar el cambio climático conocéis? ¿Cómo creéis que evolucionará el sector agrario?

Déjanos tu opinión en los comentarios debajo del post.

 

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